Trasplantes fecales: ¿servirán para curar el Párkinson, Alzheimer...? - BuscandoRespuestas.com

Salud

Trasplantes fecales:
¿servirán para curar el
Párkinson, Alzheimer…?

La ciencia está trabajando en la relación ya probada entre la microbiota intestinal y enfermedades como el parkinson, el alzheimer, el autismo, los infartos...

Dr. Xavier cortés

Profesor de Patología Digestiva. Director del equipo médico que realizó uno de los primeros trasplantes fecales en España. Colabora con la Lifesequencing-ADM Nutrition investigando modificaciones en la microbiota

En el año 2014 se produjo un hito fundamental en la investigación que se venía realizando sobre el aparato digestivo, cuando el equipo del biólogo Jeffrey Gordon descubrió la influencia de flora intestinal para la salud de todo el cuerpo humano. Se trataba de lo que ya se considera un órgano más y que se conoce como ‘microbiota intestinal’.

Microorganismos que alberga nuestro intestino y de los que se pensaba, hasta hace muy pocos años, que simplemente eran bacterias que se aprovechaban de nosotros e incluso nos predisponían a tener enfermedades.

Ahora sabemos que estas bacterias, cuanto más variadas mejor, producen determinados metabolitos que una vez introducidos en la sangre afectan al funcionamiento de órganos no relacionados con el aparato digestivo, como el corazón o los pulmones. Y tienen una capacidad reguladora del sistema nervioso central y del sistema inmune.

Por ello, tener una flora intestinal sana, o no, influirá en la posibilidad de padecer celiaquía, asma o diabetes.

Y además de que ya está demostrada la relación prácticamente directa entre enfermedades propiamente intestinales, como la de Crohn y la colitis ulcerosa, con la descompensación (disbiosis) entre las bacterias buenas y malas, y con la falta de variedad de las mismas…

Se está trabajando en la relación ya probada entre la microbiota intestinal y enfermedades como el parkinson, el alzheimer, el autismo, el síndrome metabólico, el infarto agudo de miocardio, la obesidad o la esclerosis múltiple.

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Estamos planteando la posibilidad de que cambiando la microbiota de un individuo se pueda cambiar el curso de determinadas enfermedades e, incluso, prevenirlas.

Resulta interesante un estudio sobre la obesidad realizado con ratas libres de gérmenes, a las que se les inoculó flora intestinal de personas obesas, y de personas delgadas. Una vez hecho esto y manteniendo las condiciones de alimentación y movimiento en ambos grupos por igual, se observaba como las ratas con heces de personas obesas engordaban y las inoculadas con heces de individuos delgados, se mantenían en su peso.

Estás modificaciones de la microbiota intestinal son posibles por los “trasplantes fecales”, gracias a los que enfermedades relacionadas con la obesidad, como la resistencia a la insulina, se corrigen.

Los trasplantes fecales se están aplicando también sobre enfermedades como el autismo, ya que se conoce la existencia de ciertos patrones de la microbiota asociados a este trastorno. De hecho, ya se ha realizado un ensayo clínico en el que individuos autistas mejoraban su comportamiento y los síntomas digestivos asociados tras someterse a un trasplante fecal.

Debemos comer hortalizas y frutas de temporada, la variedad en la alimentación alentará la variedad en nuestra microbiota intestinal

El complicado desarrollo de los probióticos

Otro de los caminos seguidos por los investigadores está relacionado con el desarrollo de medicamentos probióticos que favorecen nuestra flora intestinal.

Este camino todavía se encuentra muy limitado porque las mejores bacterias que hay en la microbiota son también las más pequeñas y con menos material genético. Así, cuando se trata de cultivarlas en el laboratorio no son capaces de crecer si no es con la ayuda de otras bacterias con las que enlazar sus funciones genéticas y sobrevivir.

A día de hoy, no se dispone de caldos de cultivo capaces de lograr este consorcio bacteriano, que permitiría crear probióticos individualizados para cubrir la necesidad de bacterias en cada individuo en concreto.

A pesar de estas dificultades, las farmacéuticas aumentan su inversión un 7% anualmente en este campo de actuación.

Disponemos ya de probióticos en las farmacias pero, de momento, aportan como máximo 8 tipos de bacterias frente a las 160 existentes.

Como vemos, son muchas las líneas de investigación abiertas respecto a la microbiota intestinal y queda mucho camino por recorrer. De hecho, todavía no está claro si es el cambio en la biota lo que produce determinadas enfermedades o al contrario.

Tratamiento del hígado graso y sus consecuencias

El estilo de vida actual y los malos hábitos alimenticios están haciendo de la obesidad un fenómeno que se extiende mundialmente. Entre los problemas derivados de la obesidad, encontramos la diabetes, la hipertensión, y algo que facultativos comienzan a observar como una epidemia del siglo XXI, el hígado graso.

Se trata de una enfermedad en la que la grasa derivada de la obesidad comienza a acumularse en las células del hígado, llegando incluso a romperlas y generar hepatitis, cirrosis hepática o hepatocarcinomas. Se calcula que el 25% de los pacientes con hígado graso pueden desarrollar cualquiera de estas enfermedades.

Esta dolencia es la principal causa de cáncer hepático en Reino Unido y la razón principal de los trasplantes de hígado en EEUU. En España se estima que en poco tiempo ocurrirá lo mismo que en EE.UU.

Los investigadores tienen muy claro que el mejor tratamiento para el hígado graso son los cambios en la dieta, haciéndola más saludable, y la modificación de los hábitos de vida (más deporte, menos alcohol…).

Está estudiado que si el enfermo de hígado graso disminuye un 10% de su peso, disminuye de forma significativa el riesgo de complicaciones.

Pero estos cambios de actitud no son los más difíciles tal y como constatan los facultativos, así que los investigadores trabajan en el hallazgo de tratamientos para purificar el hígado y evitar la progresión de la enfermedad a estadios más graves.

Biomarcadores para prevenir tumores de colon y páncreas

Los tumores de colon y páncreas son muy distintos, pero de los más prevalentes. En concreto, el cáncer de colon es el más frecuente en nuestro país. En cuanto a mortalidad, los cánceres de colon y páncreas se sitúan en segundo y tercer lugar, después del de pulmón.

Respecto al cáncer de colon, en el año 2004 se implantó en España un programa específico consistente en un test de sangre oculta en heces.

Esta prueba, que se sigue realizando por su bajo coste y alta efectividad, ofrece a veces falsos positivos y negativos que complican la detección temprana.

Por eso las investigaciones están centrándose en desarrollar nuevos biomarcadores, tanto metabolitos como microbiota intestinal, para aumentar la efectividad del cribado. En cuanto al cáncer de páncreas, el avance de técnicas endoscópicas está permitiendo realizar pruebas de imagen en el interior del estómago, que está en contacto directo con el páncreas para detectar cualquier lesión por pequeña que sea y eliminarla de forma preventiva.

También se están realizando los primeros estudios sobre una serie de biomarcadores, metabolitos, para tratar de alcanzar un diagnóstico más precoz en este tipo de cáncer, que es muy agresivo.

Medicamento para erradicar la hepatitis B y vacuna para la C

Los éxitos en la investigación del aparato digestivo son muchos y muy recientes en el tiempo. Hace poco más de 4 años, se dio a conocer la existencia de unos nuevos antivirales contra una enfermedad hasta ese momento grave y crónica, la hepatitis C.

Los esfuerzos de los investigadores se vieron recompensados con un medicamento que ya ha sido aplicado a 130.000 pacientes en España con un 95% de éxito, gracias al Plan Estratégico Nacional.
Estos datos nos permiten afirmar que el virus de la hepatitis C, que generaba hepatocarcinomas y era la primera causa de trasplante de hígado en nuestro país, se va a erradicar en fechas cercanas.

Otro virus que afecta al hígado es la Hepatitis B, con unas características totalmente distintas de la C, ya que está formado por cadenas de ADN en cuanto a genética y se integra en nuestro material genético de las células del hígado, los hepatocitos. Esto supone que su erradicación sea mucho más difícil. Aun así, existe una vacuna desde hace muchos años y hay líneas de investigación abiertas sobre tratamientos para conseguir meterse en ese ADN y erradicarlo.

Investigación en material terapéutico, células madre… y mindfulness

Hasta hace relativamente poco tiempo las endoscopias no eran más que técnicas de imagen meramente diagnósticas e invasivas. Pero en los últimos años han evolucionado tanto que se han convertido en prácticas quirúrgicas en sí mismas.

Se ha dotado a las cabezas de los endoscopios de sistemas ecográficos, de incisión y de sutura, que permiten hasta la realización de una reducción de estómago sin necesidad de abrir el abdomen. El campo de la investigación con células madre también tiene su aplicación en el sistema digestivo, en enfermedades como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn. Esta última causa verdaderos problemas, no sólo físicos sino emocionales, a las personas, por lo general muy jóvenes, que lo sufren. El trasplante de células madre en las fístulas perianales para la cicatrización puede tener enormes beneficios físicos y mentales para quienes padecen Crohn.

Las líneas futuras de investigación pasan por nuevas herramientas terapéuticas para el control del estrés, tanto el percibido como el no percibido, ya que contribuye al desarrollo de enfermedades autoinmunes.

En la actualidad se trabaja en técnicas de mindfulness y se está observando que el desarrollo de la enfermedad y los brotes son significativamente menores en pacientes que saben manejar el estrés.

! Recomendaciones

Si nuestro intestino funciona bien, nuestro cuerpo funcionará bien

Teniendo en cuenta esta máxima podemos hacernos la pregunta de qué hacer para cuidar nuestro intestino. La respuesta la conocemos todos. Otra cosa es la fuerza de voluntad que tengamos para llevar a cabo los cambios necesarios y mejorar nuestra alimentación y nuestra forma de vida. Y es que la respuesta es tan vieja que ya Hipócrates, en el siglo V antes de Cristo, decía que el alimento es parte del tratamiento, y que con una buena alimentación nos mantendríamos alejados de las enfermedades.

El sedentarismo propio de la sociedad actual tampoco beneficia en nada a nuestro tracto digestivo. Hacer deporte, respirar aire puro, andar… es elemental para sobrevivir a los niveles de estrés a los que estamos sometidos diariamente. Y, por supuesto, eliminar la ingesta de alcohol.

No consumir los alimentos procesados ni ultra procesados

Si hay un asunto sobre el que los especialistas son unánimes es la conveniencia de suprimir de nuestra dieta todo lo procesado.

Lo sano es todo aquello que no ha sido manipulado por la industria, porque ese tipo de productos contienen altas dosis de azúcares, y si algo sobra en nuestro organismo son precisamente los azúcares.

Las legumbres, las hortalizas, los cereales, los tubérculos y las frutas tienen que ser los ingredientes predominantes en nuestra dieta diaria.

Si además sabemos cocinar estos ingredientes, algo tan básico, rico y sano como una patata, se puede convertir en un súper alimento.

Patatas, cereales, legumbres y arroz, mejor al horno… y enfriar antes de comer

Son unos alimentos fundamentales para nuestra dieta, pero es imprescindible saber cocinarlos… y comerlos. Por eso se recomienda que los productos ricos en almidón (tubérculos, cereales, legumbres o arroz) se cocinen siempre que se pueda en el horno. Además, en vez de comerlos nada más prepararlos, se recomienda introducirlos en el frigorífico para que se enfríen.

De esta manera, los azúcares contenidos en estos productos son fermentados de forma distinta por las bacterias, generando éstas una serie de metabolitos que mejorarán nuestro sistema inmune, ayudando así a que nuestros órganos funcionen mejor, incluida nuestra microbiota.

Lejos de suponer un engorro más en nuestro complicado día a día, esta técnica nos permitirá tener nuestra propia comida rápida (abrir la nevera y calentar), pero convertida en un super alimento.

Los mejores productos son los de temporada

A la ya sabida recomendación de comer hortalizas y frutas, le añadimos un elemento más y es que hacerlo con productos de temporada. El mercado actual nos oferta determinados alimentos durante todo el año, y tendemos a comer siempre lo mismo.

Por ejemplo, los más pequeños se suelen comer muy bien el plátano, y como lo tenemos siempre a la venta no diversificamos el consumo.

Pero la variedad en la alimentación, alentará la variedad en nuestra microbiota intestinal, lo que, como ya sabemos, mejorará la salud de nuestro cuerpo.

Hay que enseñar a los niños a comer bien y sano… aunque cueste

En el aprendizaje y el desarrollo de las buenas prácticas alimenticias, los niños tienen un papel fundamental. Si no aprendemos de pequeños a comer bien y sano, el cambio de las conductas alimenticias se complica con la edad.

Por ello, hace algunos años el Gobierno estableció la prohibición de instalar máquinas de vending en los centros educativos.

Sería muy beneficioso para nuestra salud que este ejemplo se siguiera en otros ámbitos de nuestra vida diaria, como los hospitales o los entornos laborales, donde estas máquinas siguen dispensando alimentos poco o nada sanos.

Debemos aumentar la ingesta de fibra

Por último, es muy importante el aumentar la ingesta de fibra, bien a través de frutas, verduras u otros productos.

Normativas como la del pan, que entró en vigor hace pocas fechas, inciden en que aquellos productos, en este caso pan, calificados como integrales, tengan este tipo de componente en gran cantidad.

En caso de que la ingesta de fibra no sea posible por cualquier causa, una intolerancia por ejemplo, ésta se puede proporcionar a través de suplementos específicos.

Modificar nuestra flora intestinal para combatir las intolerancias

El asunto de las intolerancias parece estar de moda en los últimos años y las empresas han aprovechado el tirón para comercializar productos libres de todo aquello que nos sienta mal: la lactosa, la fructosa o el gluten.

En el caso de la lactosa, se ha constatado que los españoles genéticamente estamos predispuestos a ser intolerantes. La lactosa es un azúcar que para poder digerirla, los individuos segregamos una enzima denominada lactasa.

Pero a medida que nos hacemos mayores, nuestra capacidad de generar esta enzima se va reduciendo, lo que permite que el azúcar llegue íntegro a nuestro intestino. Allí estos azúcares son devorados con gusto por las bacterias, hasta el punto que la fermentación de estos azúcares por las bacterias intestinales genera un excesivo aire muy molesto, con clínica de hinchazón, malestar, dolor… Esta intolerancia, como otras, se agudiza con el estilo de vida que llevamos actualmente, el estrés, la mala alimentación y el exagerado consumo de antibióticos.

Todo este cóctel hace que nuestra flora intestinal genere bacterias muy fermentadoras, que harán que nos sintamos mal tras la ingesta de algunos productos.

Modificar nuestra flora intestinal, mediante cambios en la dieta, realizar ejercicio regularmente y recurrir a probióticos, mejorará nuestra capacidad para metabolizar este tipo de azúcares