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China ahora sólo teme a los extranjeros… y endurece las entradas

13 marzo, 2020

Beatriz Pérez Argüelles

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Nihao con muchos ánimos.

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He llegado a mi decimotercer día de la cuarentena. Aunque al principio la perspectiva de estar 14 días encerrada se me hacía abrumadora, he de decir que he llegado prácticamente al final y no ha sido tan duro.

Las normas que me impusieron no me facilitaron comprender las cosas. De hecho, me hicieron plantearme que las medidas tomadas en el país eran algo exageradas. Y así lo expresé en este diario, entre enfadada e indignada.

Pero ahora, después de comprender la necesidad de las precauciones que se están llevando a cabo aquí, y viendo que los únicos nuevos casos de coronavirus confirmados en China provienen del extranjero, he asumido la cuarentena no solo como una obligación sino también como una necesidad.

España, en estos momentos, está en el puesto número cinco a nivel mundial de personas contagiadas. Y tal y como advierten los médicos sobre la saturación en los hospitales, os animo a tomaros las medidas de seguridad de permanecer en casa como algo personal.

La imposición hará más desagradable esta medida y, si las cosas avanzan como en los últimos días, es posible que se llegue a tener que actuar a través de normas que compliquen las cosas.

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Las medidas de control en el aeropuerto de Shanghái están cambiando día a día. Cada vez se hacen más exhaustivas y estrictas. Ya no solo se requiere completar formularios. Ahora el proceso es más largo y, como nos informa el consulado, puede llegar a extenderse 10h durante las que la tripulación proporciona bebida, pero no comida.

Los aviones que llegan al aeropuerto son inspeccionados, se examina a las personas que provienen de las áreas más afectadas y a las personas que han viajado próximas a ellas (tres filas por delante y tres por detrás).

Se mira la temperatura corporal y se pregunta por el historial de viaje. Si la temperatura excede de 37,3 se lleva a cabo un protocolo especial. Aun así, todos los pasajeros deberán cumplir los 14 días de cuarentena en la ciudad.

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Italia ahora ocupa un gran número de noticias en la prensa china. Se anuncia el número de contagios, que ya está en la alta cifra de 12.839 infecciones, y se muestran muchas imágenes de las calles donde, la poca gente que las camina usa mascarilla.

La situación de Italia está generando una actitud temerosa hacia los extranjeros en Shanghái. Hasta el punto de poder parar a un extranjero por la calle para preguntar la nacionalidad y los movimientos recientes y, consecutivamente, investigarle. Espero, una vez salga de casa, no encontrarme ninguna mala experiencia.

La comisión nacional de Salud y la sociedad de la Cruz Roja de China envió a Italia un vuelo chárter con un equipo formado por 9 miembros junto con toneladas de suministros: ventiladores, monitores, desfibriladores.

Tal vez, pronto, un avión de estos tenga que aterrizar en España. Aunque, por ahora, China también está empezando con sus contribuciones. Italia, como España, están consideradas como países de alto riesgo frente al COVID-19 y, por ello, ha enviado 1,8 millones de mascarillas y 100.000 reactivos para realizar las pruebas que detectan el virus.

España está empezando a adentrarse en el peligro que supone esta pandemia. Hace unos días todo era incertidumbre, incomprensión y diferentes enfoques entre países, ahora nos encontramos en un remolino que podría homogeneizar las miradas.

Recuerdo el sol de Madrid, el cielo azul y las terrazas llenas, los autobuses abarrotados y las mesas de los restaurantes rodeadas de gente. No puedo imaginar cómo irá disminuyendo todo esto y hasta qué punto va a llegar, pero, dentro de la dramática imagen de una ciudad viva que duerme unos días, me preocupa más otra cosa: la imagen individual de cada familia que se ve golpeada por esta ola.

Por tanto, ánimo a seguir las medidas, aunque cueste imaginar su necesidad.

Baibai