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Actualidad médica

«Cambia el chip: no pienses en evitar tu contagio, sino en la mejor manera de no infectar a otro»

12 marzo, 2020

Desde hace unos días por la red social Twitter circula un hastag, palabra clave con la que muchos médicos, enfermeras, microbiólogos y personas del ámbito sanitario y científico, pretenden explicar a la población, no sólo de la importancia de las medidas tomadas por las autoridades sanitarias, sino de la importancia que los gestos personales tienen en la reducción de la transmisión del Covid-19.

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Los mensajes de médicos y microbiólogos coinciden en la necesidad de llevar a cabo una serie de medidas básicas:

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  • Lavar las manos con mucha frecuencia.
  • Cubrir boca y nariz con la parte interna del codo o con un pañuelo al toser o estornudar.
  • Evitar tocarse la cara
  • Reducir, en la medida de la posible, el contacto físico con otras personas.
  • No realizar viajes salvo que sean imprescindibles
  • Y ante cualquier síntoma de infección respiratoria lo mejor es quedarse en casa.

Margarita del Val, bioquímica e investigadora en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, asegura que es necesario “cambiar el chip, dejar de pensar que cada medida es para evitar nuestro propio contagio, y comenzar a asumir que es la mejor manera para no contagiar a los demás y proteger a los grupos de riesgo”.

La bioquímica señala que “el problema no es que el nuevo coronavirus sea muy letal, cuestión que tampoco puede ser minimizada, sino que su alta capacidad de contagio produzca picos de infección que el sistema sanitario no sea capaz de atender”. La consecuencia lógica de un colapso sanitario sería entonces un incremento de la tasa de mortalidad.

Margarita del Val expone un ejemplo muy gráfico “tu puedes ir al banco a sacar el dinero de tu cuenta, pero si acude toda tu ciudad a hacer lo mismo el banco se colapsa y quiebra”.

Una gráfica publicada en la revista The Lancet mostraba la necesidad cómo la implementación de medidas higiénicas y de distanciamiento social, reducen la curva de la infección por Covid-19, y garantizan la eficacia del sistema sanitario de los países.

Otro de los mensajes que los científicos y los sanitarios quieren también destacar es que la toma de medidas no es una cuestión improvisada, sino que está basada en estudios científicos elaborados a partir de la experiencia extraída de otras pandemias de dimensiones similares.

Uno de los ejemplos más claros, lo narra un estudio elaborado por la Universidad de Princeton en 2007, sobre la pandemia de Gripe Española que asoló el mundo a principios del siglo XX. El trabajo de la universidad americana muestra cómo a mediados del mes de septiembre de 1918 la ciudad americana de Philadelphia comenzó a registrar entre sus ciudadanos los primeros casos de la Gripe Española.

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Las autoridades decidieron no dar una excesiva importancia a la infección y se optó por no restringir ningún tipo de celebración o acto público, como el desfile que se celebró en la ciudad en los últimos días de aquel mes.

Como resultado del aplazamiento de la toma de medidas como el cierre de escuelas, iglesias y teatros hasta el mes de octubre, la propagación de gripe fue muy alta en esta ciudad. De hecho, Filadelfia llegó a registrar una tasa máxima de mortalidad de 259 muertes por cada 100.000 habitantes.

En contraste, un poco más al sur, en la ciudad de St. Louis, nada más detectarse los primeros casos de infección a principios del mes de octubre de 1918, se comenzaron a poner en marcha toda una serie medidas relacionadas con el distanciamiento social. El resultado fue una tasa máxima de mortalidad de 31 fallecidos por cada 100.000. ¡Ocho veces menos que en Filadelfia!

Dando por supuesto que las circunstancias de aquella pandemia de 2018 y la actual crisis del coronavirus, son muy distintas, del estudio de la universidad americana sí se desprende la importancia de tomar medidas tempranas en caso de epidemias o pandemias, para reducir al máximo la transmisión de la enfermedad. Los negación del problema y el retraso en la toma de decisiones por parte de las autoridades puede ser causa de muchas muertas.

A día de hoy, la tasa de mortalidad del coronavirus es del 0.5% en menores de 40 años, de poco más del 1% a partir de los 50 años y de entre el 8 y el 15% en mayores de 70, generalmente afectados por otras patologías previas.

Estos porcentajes no parecen alarmantes, pero si no se protege a los grupos de riesgo, en este caso las personas de edad más avanzada, el porcentaje aumentará. El cálculo es sencillo, cuantos menos casos aparezcan en el mismo periodo, menos personas afectadas de gravedad habrá, menos defunciones y, no menos importante, se reducirá la carga sobre el sistema sanitario.

Por eso, la comunidad científica y sanitaria continúa mandando mensajes sobre la importancia de los hábitos y gestos que de forma individual se pueden llevar a cabo para reducir el número de contagios. Como afirma Margarita del Val “cualquier cosa que hagamos individualmente es importante. Está en nuestras manos”.