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Actualidad médica

En Shanghai la gente ahora tiene miedo a que una persona se le acerque demasiado

07 marzo, 2020

Beatriz Pérez Argüelles

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Nihao.

Cuarto día en casa, y aunque no parezca mucho tiempo esto empieza a ser más largo de lo que me parecía. Al ver que la tabla que tengo que rellenar aún tiene mucho menos de la mitad completada me he sentido agotada.

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No es la sensación de quedarse en casa porque te encuentras mal o porque fuera hace frío y no para de llover y prefieres arroparte en el sofá para ver una peli tras otra. La sensación es diferente: tener prohibido salir fuera no es lo mismo que no salir. Además, me cuesta comprender que sea, simplemente, por la posible idea de que en el viaje de vuelta haya podido coger la enfermedad tan temida o de que la traiga de España.

Siguen llegando algunos profesores, y me cuentan que el nivel de paranoia que se vive fuera es inimaginable. En Shanghái la gente tiene miedo de que una persona se les acerque demasiado, mantienen mucha distancia e incluso, en algunas situaciones, una actitud grosera.

El país está siendo devorado por el miedo que, ahora, se focaliza en los que estamos llegando. Un recién aterrizado en Shanghái que venía desde Estados Unidos con escala en Taiwán relata la experiencia de su llegada a China como el viaje más largo de su vida. Él no fue avisado previamente de que iba a necesitar hacer una cuarentena de 14 días en su casa, solo se le advirtió de que cambiara el lugar de la escala que, en un principio, era en Corea.

Pero, las medidas de seguridad con las que se ha encontrado le han dejado, como a todos, con los pelos de punta, aunque parece que yo tuve suerte de llegar un par de días antes. Él se vio obligado a un sinfín de formularios del gobierno, fotos de la visa, papeleo, controles…

Y nuevamente, tuvo que pasar por la misma docena de pruebas en la estación de tren de Shanghái. Le fue confiscada una bolsa que traía con comida y que todavía no ha conseguido que le devuelvan. Ya le han explicado la normativa de la cuarentena y, dado su carácter obligatorio, ya ha empezado a cumplirla.

Parece que el control se les está yendo de las manos, aunque cabe mencionar la eficacia con la que han reducido el número de contagios en el país, poniéndole prácticamente fin.
En estos momentos los extranjeros no dejamos de ser la amenaza que les haría volver a empezar. Y eso se lo toman absolutamente en serio.

Pese a ello, yo no he podido resistir la tentación, y cuando se acercaba la una de la madrugada sentí el deseo humano de abrir la puerta y salir. Miré las escaleras y se me vino la imagen de mi cuerpo bajando tras ellas… y me lancé. Cogí la bolsa de basura para usarla como excusa (no es un favor fácil de pedir ni siquiera en esta situación) y me dispuse a bajar.

En mi cabeza no veía inconveniente alguno. A estas horas de la noche no puedo cruzarme con nadie a quien poner en riesgo, pensé. Y sentí que sí. ¡Venga! Solo es bajar cuatro pisos y caminar 200metros…

Pero para mi sorpresa me encontré con unos focos que parecían la iluminación de un escenario. No creo recordar haberlos visto nunca. De hecho, recuerdo mi llegada a casa bastante oscura (en cuando a luz ja ja).

Tal vez, ahora la paranoica soy yo, pero sentí miedo, vigilancia, control. Llegué a los cubos de basura con naturalidad y arrojé la bolsa. Pero el deseo de alargar el camino que con tanta claridad había decidido minutos antes, bajando las escaleras, quedó abortado.

Subí de nuevo, disfrutando cada escalón e intenté dormirme con la idea de que al menos se había terminado un día más.

Baibai

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