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¿Qué hacer si tenemos niños y adolescentes vegetarianos?

05 febrero, 2020

Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEP)

Aunque no se tienen datos oficiales, se estima que en nuestro país entre un el 1,2 y el 1,5% de la población opta por dietas vegetarianas, aquellas que prescinden del consumo de carne, de los productos derivados de ella, y del pescado. Estas dietas se dividen a su vez en las incluyen el consumo de huevos y leche (dieta ovolacteovegetarianas), o las que excluyen completamente la ingesta cualquier producto de origen animal, incluida la miel (dieta vegana).

Como ocurre con cualquier otro tipo de dieta, si no se realiza correctamente, la restricción del consumo de carne animal y de pescado puede tener consecuencias muy negativas, en especial en niños y adolescentes.

Las Sociedades de Nutrición de todo el mundo han ido haciendo públicas recomendaciones para llevar una dieta vegetariana de forma correcta en personas adultas, pero hasta ahora no se habían dado pautas para niños.

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El Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha entendido la necesidad de dar información fiable a las familias que siguen este tipo de dietas con el fin de asegurar la salud de los menores.

Según los estudios de que se disponen, los niños y adolescentes que llevan dietas vegetarianas tienen un crecimiento y un desarrollo normal. El único ‘pero’ es que tienden a presentar un índice de masa corporal menor a la media.

Para garantizar la salud de los menores es conveniente consultar con el pediatra sobre la mejor manera de implementar una dieta exenta de carne.

La aportación de fibra, magnesio, hierro férrico, ácido fólico, vitaminas C y E, ácidos grasos poliinsaturados n-6, carotenoides, flavonoides y otros fitoquímicos y antioxidantes está garantizada con las dietas vegetarianas. Pero otros elementos esenciales en el desarrollo infantil como las grasas, los ácidos grasos polliinsaturados n-3, el colesterol, el yodo, el zinc, el hierro ferroso y las vitaminas B12 y D, pueden ser deficitarios en el niño si no existe una planificación y control por parte del pediatra. El aporte nutricional de estos elementos se reduce aún más con otro tipo de dietas más restrictivas, como la vegana, lo que puede suponer un riesgo.

Por eso el Comité de Nutrición de la AEP recomienda prestar especial atención a la presencia de estos elementos en la dieta de los niños.

Una dieta vegetariana compuesta por una rica variedad de alimentos de origen vegetal aporta la energía suficiente para el crecimiento y desarrollo del menor. Pero como la calidad de la proteína vegetal es inferior a la proteína animal, los pediatras aconsejan que el niño consuma alimentos ricos en proteínas como legumbres, frutos secos o semillas, y que se combinen las fuentes de proteína.

Para los pediatras, “el uso de la soja y sus derivados (tofu, tempeh, análogos de carne), así como los pseudocereales como la quinoa y el amaranto, pueden contribuir a garantizar un adecuado balance de aminoácidos”.

También es conveniente controlar el aporte de hierro y zinc. Cierto es que gran cantidad de alimentos vegetales aportan gran cantidad de hierro al cuerpo, lo que ocurre es que es hierro no-hemo, más difícil de absorber por el organismo. Por esta razón, la AEP recomienda el consumo diario de alimentos ricos en vitamina C, que ayuden a ese proceso de absorción del hierro.

La sal yodada, los vegetales de origen marino y algunos alimentos a base de cereales aportan el yodo necesario. Si además se consumen lácteos y huevos, la ingesta de este elemento se completa. En este punto, la recomendación de los pediatras se centra en el consumo de algas como el wakame, el kombu, nori, que además de yodo tienen un alto contenido de arsénico, con lo que deben darse con moderación tanto a lactantes como a niños pequeños.

Aunque todavía no existen estudios concluyentes sobre la influencia de las dietas vegetarianas en la estructura ósea de los niños, el Comité de Nutrición y Lactancia Materna recomienda “el consumo de alimentos fortificados en calcio y vitamina D, junto con la práctica habitual de actividad física de intensidad adecuada”, con independencia del tipo de dieta que practiquen. Algunas investigaciones si que han revelado un «mayor riesgo de fracturas en población vegana con baja ingesta de calcio»

También los suplementos de vitamina D están recomendados, tanto en vegetarianos como en no vegetarianos, cuando la ingesta de alimentos ricos en ella no es suficiente.

Alimentos como el pescado, el aceite de oliva, de girasol, de soja, los frutos secos y las semillas son ricos en grasas omega-3. Los pediatras recomiendan que embarazadas, lactantes, niños menores de 6 meses que no sigan lactancia materna y los mayores de 6 meses que ingieran menos del 50% de las calorías de la leche materna, reciban suplementos de este tipo de ácidos grasos.

La última pauta de la Asociación Española de Pediatría se refiere a la Vitamina B12, esencial para la producción de glóbulos rojos, y que no está presente en ningún alimento vegetal.

Consideran que “es imprescindible el suplemento oral de esta vitamina para todas las personas vegetarianas y veganas. Incluso en los ovolacteovegetarianos o en personas que consuman habitualmente alimentos fortificados, una dosis semanal de refuerzo es la mejor forma de garantizar niveles óptimos de esta vitamina”.

Cada edad tiene sus requerimientos nutricionales

Los expertos del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP), han preparado una serie de indicaciones sobre los mejores hábitos de nutrición según el momento del desarrollo del niño.

Así, consideran esencial el refuerzo de la ingesta de vitamina B12 y ácidos grasos omega-3 durante el embarazo para reducir el riesgo de parto prematuro y asegurar un peso correcto del bebé. Estos aportes continuarán durante la lactancia materna. Y en caso de que ésta no sea posible, existen en el mercado leches de fórmula realizadas a base de purificados de soja. En este punto, los pediatras advierten sobre determinadas bebidas vegetales no aptas para lactantes, que a veces van condimentadas con zumos de frutas y verduras, y que pueden provocar «desnutrición grave, alteraciones neurológicas e incluso fallecimientos».

Las familias que llevan dietas vegetarianas deben comenzar a introducir los alimentos a la misma edad que la de los omnívoros. Así, las legumbres se introducirán a partir de los 6 meses, al igual que los yogures de soja sin azúcar.

Sí es importante que los menús infantiles incluyan siempre alimentos ricos en vitamina C para favorecer la absorción del hierro y verduras ricas en vitamina A.

La introducción del gluten se hará exactamente igual que en niños no vegetarianos. Es importante promover el uso de cereales integrales: pan, arroz, pasta, cuscús, mijo, polenta de maíz y quinoa.

Los pediatras también recomiendan evitar durante el primer año de vida “las espinacas, las acelgas, la borraja, la remolacha, la rúcula y otras hojas verdes por su alto contenido en nitratos; la miel y los siropes (sirope de agave, sirope de arroz, sirope de trigo), por el peligro de contaminación con esporas de botulismo.

Tampoco es recomendable que los niños consuman algas antes de los 12 meses, por su alto contenido en yodo, ni alimentos como semillas de lino o chía, por sus efectos laxantes.

Una vez cumplidos los 2 años, los niños deben comer lo mismo que el resto de la familia, evitando siempre los productos procesados y con azúcares añadidos.

En la etapa adolescente aumenta la necesidad de nutrientes como las proteínas, el hierro, el zinc y el calcio, así que la planificación de los menús debe incluir legumbres diariamente, tanto en las dietas vegetarianas como en las veganas. En esta etapa también es esencial la ingesta de vitamina C para absorber el hierro y consumir productos ricos en calcio o enriquecidos con este nutriente.