Cronobiología:¿Estamos descubriendoel horario de las enfermedades? - BuscandoRespuestas.com

Salud

Cronobiología:
¿Estamos descubriendo
el horario de las enfermedades?

Los infartos son más letales entre las 8 y las 10 de la mañana.
La tensión arterial alcanza los valores máximos entre las 10 y las 12 am.
El hígado está más activo entre las 14 y las 16 horas.
La tensión arterial más baja, entre las 00 horas y las 4 de la madrugada.

Las incógnitas sobre el sueño siguen siendo muchas y por ello las investigaciones que se ocupan de su investigación giran en torno a diferentes aspectos de los que recogeremos aquí algunos de los principales.

Cronobiología

En el reciente Congreso científico Mundial sobre el Sueño (World Sleep Congress 2019) que se celebró en Vancouver (Canadá) del 20 al 25 de septiembre, uno de los temas principales que tratamos, quizás el que suscita mayor interés en la sociedad actual donde nuestros horarios se han modificado y diversificado, es la cronobiología.

La principal ocupación de esta área de investigación es estudiar las variaciones en las funciones de nuestros órganos durante el día en relación con los ritmos circadianos.

Comprender bien estos cambios es esencial porque puede variar la forma de administrar los medicamentos, o el riesgo de padecer ciertas enfermedades.

Por ejemplo, ahora ya se conoce que el hígado está más activo entre las 14 y las 16 horas, por lo que el metabolismo de ciertos fármacos o alcohol puede variar durante esas horas.

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Algunos tipos de cáncer también muestran variaciones diurnas, lo que podría hacer la quimioterapia más eficaz a determinadas horas del día (o de la noche).

También en esta línea de investigación se ha constatado que los infartos de miocardio que suceden entre las 8 y las 10 de la mañana son mucho más letales que los que ocurren durante el resto del día.

Los infartos de miocardio
que suceden entre las
08.00 y las 10.00 h.
son mucho más
letales

Muy relacionadas con la cronobiología se desarrollan investigaciones sobre cómo afectan las alteraciones del sueño a quienes trabajan a turnos o de noche.

La neurodegeneración afecta al sueño…
¿o dormir mal favorece la demencia?

Otro ámbito de investigación se centra en la relación que puede existir entre el sueño y la neurodegeneración. Hace tiempo se constató que todas las demencias, como el Parkinson, el Alzheimer o la demencia frontotemporal, producen alteraciones del sueño en fases avanzadas de la enfermedad.

Pero en los últimos años se ha descubierto que los trastornos del sueño pueden no ser sólo una consecuencia de la demencia sino también un factor de riesgo.

Así, mejorar la calidad del sueño puede ser un mecanismo de protección contra el desarrollo del deterioro cognitivo en edades avanzadas.

La apnea obstructiva del sueño afecta a la memoria

Una forma de mejora del descanso es tratar las apneas obstructivas del sueño. Esta dolencia la padece entre un 15 y un 20% de la población y se trata habitualmente con una CPAP (un pequeño aparato que administra, mediante una mascarilla, aire a presión).

Entre el 40 y el 50% de la población mayor de 65 años padece algún tipo de apnea obstructiva del sueño durante la noche. Los estudios están dedicados a analizar cómo estas apneas afectan a la memoria y al desarrollo de algún tipo de demencia.

De forma continua, los responsables de la seguridad vial insisten en la necesidad de descansar durante los viajes largos. Y podría parecer un asunto menor, pero los expertos en sueño dedican investigaciones a definir los efectos de la privación del sueño en la conducción, muy similares a la ingesta de alcohol.

Si no duermes bien te dolerá más

La relación entre el sueño y la sensación del dolor ocupa también a los investigadores. Hasta hace poco tiempo se creía que las personas con dolor crónico dormían mal. Pero el fenómeno funciona a la inversa, es decir, si no dormimos bien cambia nuestro umbral del dolor.

Ante esto, se está haciendo hincapié en tratamientos contra el dolor crónico centrados en aumentar la cantidad y la calidad del sueño del paciente, en vez de aumentar la medicación.

Favorecer y mejorar el descanso es otro de los asuntos que ocupan y preocupan a los especialistas.

Al ser el sueño un estadio cerebral complejo, los fármacos destinados a su tratamiento sólo pueden conseguir que el sujeto duerma, pero no son capaces de reproducir fisiológicamente las oscilaciones entre la fase REM y la no REM. Es más, la medicación afecta directamente a estos ciclos naturales.

Gadgets para dormir mejor: cascos, música, colchones que bajan la temperatura…

Por este motivo, nuevos trabajos destinados a mejorar el sueño se centran en dispositivos de estimulación musical o eléctrica.

Estos gadgets, como cascos, emiten tonos o vibraciones que estimulan las ondas lentas durante nuestro sueño profundo, para que sean más hondas y obtengamos un descanso más reparador, respetando las oscilaciones naturales de los ciclos del sueño.

No obstante, su utilidad clínica aún no ha sido demostrada.

También se trabaja en la estimulación del sueño mediante la regulación de la temperatura corporal. Están en pruebas colchones y almohadas con sensores biométricos para monitorizar el sueño, que reducen la temperatura del individuo al inicio del sueño no REM, lo que en teoría aumenta la cantidad y estabilidad del sueño de ondas lentas y la calidad del sueño.

Recomendaciones del especialista

  • Los extremos tampoco son buenos en el sueño. Por eso, un sujeto adulto debe dormir al menos 7 horas. Descansar menos de 6 horas o más de 10 puede tener consecuencias negativas para nuestra salud.
  • El fin de semana no se puede recuperar el sueño perdido durante la semana, y las ‘grandes dormidas’ son más nocivas que beneficiosas.
  • Es muy conveniente evitar la estimulación con aparatos electrónicos y luz potente antes de irnos a la cama. Los móviles, por ejemplo, no deberían ni entrar en las habitaciones cuando vamos a dormir.
  • Sería recomendable tener un sistema para disminuir paulatinamente la intensidad de la luz de casa a partir de cierta hora; sin duda contribuiría positivamente a la calidad de nuestro sueño y nos ayudaría a dormir mejor.
  • El alcohol afecta directamente a la calidad del sueño, por lo que es recomendable evitar su ingesta antes de dormir.
  • Esencial para coger el sueño y facilitar el descanso es tener una temperatura adecuada en nuestra habitación. Si es más alta o más baja de lo ideal, nuestro cuerpo deberá realizar un esfuerzo por regular la temperatura, y eso empeorará la calidad del sueño. Lo ideal es entre 19 y 22 grados. Ni más, ni menos.
  • Aunque resulte muy obvio, es importante no tomar estimulantes como la cafeína en las horas previas al sueño. Pero la nicotina también es un estimulante que dificulta el sueño, por lo que no se debe fumar cuando se acerca la hora de irnos a dormir.
  • Las siestas pueden ser recomendables… si son cortas. Y no para todos. Si se trata de adultos sanos sin problemas de sueño, una siesta de entre 10 y 20 minutos produce beneficios como relajación, disminución de la fatiga, mejoría el estado de alerta y hasta puede mejorar el estado de ánimo.
    Pero las siestas de más de 20 minutos pueden tener consecuencias negativas, como un despertar en el que nos sintamos aturdidos y desorientados. E incluso pueden provocar problemas de sueño durante la noche.
  • El ejercicio físico durante el día es más que recomendable, pero debemos hacerlo al menos dos horas antes de irnos a dormir, para no sobreexcitarnos. Salir a correr o subirse a la bicicleta estática justo antes de acostarse puede dificultar la calidad de nuestro sueño. Mejor hacer ejercicio intenso por la mañana que por la noche.
  • Es conveniente que la habitación esté a oscuras y sin ruidos que alteren el descanso.
  • Y si a pesar de todas estas recomendaciones nos encontramos cansados y somnolientos durante el día, lo mejor es acudir a un especialista en sueño. Nos ayudará a mejorar nuestro sueño y, en definitiva, nuestra calidad de vida.

El dato

Existe una estadística desde la que se podría extraer una relación entre la esperanza de vida y el índice de mortalidad con el número de horas que se duermen.

Y de ahí podríamos afirmar que entre los que duermen menos de seis horas y media de media, el riesgo de mortalidad es el doble que entre las personas que duermen ocho horas.

Pero es que también se ve que entre las personas que necesitan dormir más horas de lo habitual la esperanza de vida también se acorta. Quizás esto se deba a que necesiten dormir más porque ya sufren algún problema o enfermedad que les requiera más horas de sueño.

En busca del sueño perfecto…
un nuevo síndrome

Primero fueron los móviles, luego las tabletas y el último gadget que causa furor son los smartwatches y las pulseras de actividad. Estos modernos dispositivos prometen medir cada uno de nuestros pasos, latidos, pulsaciones, y, cómo no, nuestro sueño.

Cada mañana nos informan sobre el número de horas que hemos dormido y qué porcentaje de ellas ha sido profundo o ligero.

Y de tal manera nos influye la información que facilitan, que ha surgido un nuevo síndrome que ya tiene hasta nombre: la ortosomnia. O lo que es lo mismo, la obsesión por dormir el número exacto de horas y con las condiciones necesarias para la reparación corporal y cerebral. Un reto que en vez de hacernos bien puede acabar por provocar ansiedad e insomnio.

Es más, se han detectado casos en los que síntomas como la irritabilidad, problemas de concentración, e incluso ansiedad, se producían sólo por el hecho de comprobar en sus dispositivos que su sueño había sido deficiente.

Pero la realidad es que la eficacia de estos gadgets es muy relativa, ya que, los modelos más comercializados y populares, se basan en los movimientos del cuerpo, lo que no revela nada concluyente sobre si estamos dormidos o no.

¿Cuánto tiempo deben dormir las mujeres,
los niños…?

Las necesidades de sueño vienen determinadas genéticamente y hay factores relacionados con el género y la edad.

Generalizando:

Las mujeres durante la edad fértil necesitan dormir unos 45 minutos más. En la llegada a la menopausia, duermen menos y el sueño es más frágil. En la postmenopausia se igualan a los hombres.

En los niños, la necesidad de sueño es máxima hasta los ocho años y luego se va equiparando a la de los adultos. En la tercera edad esa disminución de necesidad del sueño se combina con una redistribución horaria, porque el sueño es menos profundo por la noche y en ocasiones se necesita dormir más por el día.

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