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Salud

Consejos prácticos para mantener la higiene, desde la ducha hasta la cama

18 febrero, 2020

7:00 a.m.
El aseo de la mañana

Nos levantamos de una cama en la que hemos eliminado secreciones por las glándulas sudoríparas y sebáceas, hemos desprendido células muertas de nuestra piel y algún que otro pelo nos ha abandonado. Todo nuestro organismo ha estado en reposo, incluida nuestra piel, la mejor aliada que tenemos para protegernos de todos los agentes nocivos externos. Por eso comenzamos el día con una ducha corta, pero efectiva para poner en marcha nuestra piel.

El agua, no demasiado caliente para no secar, y un suave masaje que pone en funcionamiento todos los capilares superficiales de la piel, activándola, y arrastrando las secreciones nocturnas generadas. Si además frotamos con jabón incrementamos el resultado y añadimos la retirada de los restos sebáceos.

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Después es muy importante secarse con una toalla limpia no compartida. Que es una muy buena fórmula para evitar contagios innecesarios. Además es recomendable colgarla para que se seque, ya que la humedad favorece la aparición de microbios.

Ahora ya tenemos:

  • Los capilares abiertos para alimentar la piel y mantener una temperatura óptima.
  • Los conductos de drenaje de las glándulas, libres para una buena transpiración.
  • Olor corporal agradable, que nunca está de más.
  • Y la piel preparada para defendernos.

Pero nos ha faltado un paso de primera hora: hacer pis. Es importante porque en el final de la uretra existe una flora microbiana que aprovechando la ausencia del paso de la orina crece abundantemente.

También debemos ventilar el dormitorio diez minutos. Después, un buen desayuno y un meticuloso cepillado de dientes son el mejor ‘pasaporte’ para la calle.

08:15 a.m. Salida a la calle

Ahora vamos a tocar con las manos picaportes de puertas, timbres, asideros de transporte público, dinero, periódicos, el móvil y múltiples objetos no limpios. Así que hay que lavarse las manos al llegar al trabajo.

14:00 p.m. La cocina

Transcurrida la mañana laboral…
Si nos toca preparar la comida, antes deberemos lavarnos las manos y secarlas con un paño limpio. Es fundamental utilizar superficies de trabajo limpias, y para eso hay que saber que la encimera de la cocina no es adecuada para dejar llaves, carpetas, bolsos, móviles, bolsas de la compra, dinero, periódicos… porque NO están limpios.

Es mejor no usar los utensilios de los alimentos sin cocinar (tablas, cuchillos…) para los alimentos ya cocinados, por si contienen algún patógeno. Los alimentos frescos como las frutas y las verduras, aunque pasan controles sanitarios como el resto de los productos alimenticios, deben lavarse con agua y jabón, frotando. O todavía mejor, sumergirlos en agua con 2-3 gotas de lejía durante 10-15 minutos.

14:45 p.m. La comida

Ya preparada la comida, el servicio de mesa debe colocarse sobre superficies limpias, la servilleta no toca solo piel, sino la mucosa oral. Si somos de los que llegamos a casa a mesa puesta o comemos en un lugar público, lo más importantes será lavarnos las manos antes, y después de la comida.

¿Cómo? Pues lo mejor son las soluciones desinfectantes a base de alcohol que podemos comprar en frasquitos pequeños y llevar en el bolsillo. Son mejor que el agua y el jabón, porque además no sabemos quién y cómo habrán tocado antes que nosotros los grifos o los picaportes del baño. Además, aunque pueda sorprenderle, el líquido es más rápido, más eficaz y mejor tolerado por las manos que lavarlas con agua y jabón.

Una vez terminada la comida debemos volver a lavarnos las manos y los dientes para completas unas buenas prácticas de higiene.Nuestra vida continúa. Vuelta al trabajo y después, si tenemos tiempo, hacemos un poquito de deporte, o vamos a tiendas, al parque… recorremos lugares llenos de organismos del “micromundo”.

19:00 p.m. La vuelta a casa

Nada más entrar nos quitamos los zapatos. Cuanto menos casa pisemos, mejor. Luego, como nos habremos sentado en el metro, autobús, oficina… quitarse la ropa de la calle para no sentarse con ella en el sofá, la colcha o las sábanas. Es importante para prevenir la transmisión de microorganismos a los lugares más íntimos del hogar. Además de las manos debemos lavarnos la cara, que habitualmente nos tocamos más de 23 veces a la hora.

La higiene en el baño, como en la cocina. Casi todas las casas disponen de bidé y, sin embargo, no es práctica extendida utilizarlo después de las deposiciones y de las relaciones sexuales. Esto produce irritaciones por restos que permanecen durante horas, y en el sexo femenino, en el que la vagina y la uretra están abiertas y la mucosa vulvar expuesta, contaminaciones por microorganismo fecales.

Por cierto: el baño es el lugar apropiado para recortar las uñas de pies y manos. Allí quedan restos de piel, de secreciones corporales y suciedad de la calle. En ellas hay una vida sorprendente, por lo que es conveniente no repartirlas por otras estancias de la casa.

Y al final, para ir a la cama, otro lavado de manos.