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Salud

«La resistencia a los antibióticos es el mayor problema sanitario de la humanidad»

07 noviembre, 2019

Enrique Leite

¿Estamos abriendo otra vez la puerta a las enfermedades infecciosas?

Morir por una infección provocada por una bacteria no es una frase que evoca el pasado de la Medicina. Es una amenaza real del presente que afecta no solo a la salud humana, también a la animal y por extensión a la ganadería, la agricultura, el medio ambiente… En definitiva, al modo de vida tal y como lo entendemos hoy en día. Estos microorgamismos se han hecho fuertes desde el descubrimiento de los antibióticos. Han mutado hacia nuevas formas que resisten al tratamiento con estos fármacos hasta tal punto que vencer esta resistencia supone uno de los retos más importantes de la medicina moderna. Consciente del desafío, desde su laboratorio en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, Bruno González Zorn, director de la Unidad de Resistencia a los Antibióticos, miembro del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (VISAVET) y asesor de la Organización Mundial de la Salud, divide sus esfuerzos -y los de su equipo- entre la investigación y ayudar a diferentes países a organizar sus respectivos planes nacionales de lucha frente a la resistencia de los antibióticos.

P.- ¿A punto de finalizar 2019, en qué punto estamos? ¿Cuál es la radiografía actual del problema?

Bruno González Zorn. Estamos en el punto en que éste es ahora mismo el mayor problema sanitario de la humanidad. No hay otro problema mayor. Antes podría ser una opinión personal y de algunos microbiólogos que podríamos pecar de pesimistas, pero ahora ya está constatado.

El Consejo General de Naciones Unidas (ONU), el 11 de noviembre de 2016 declaró por unanimidad que la resistencia a los antibióticos de las bacterias es el mayor problema sanitario en el mundo. La trascendencia del problema es tal, que solo en cuatro ocasiones a lo largo de la existencia de la ONU se han decretado alertas similares.

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Una vez tuvo como protagonista el Sida, la segunda con las enfermedades crónicas, la tercera cuando estalló la crisis del Ébola y ahora con este asunto, el de la resistencia bacteriana. De no atajar el problema nos enfrentamos con una perspectiva terrorífica para los próximos 30 años. De no adoptar medidas, en 2050 cerca de 10 millones de personas en el mundo morirán por la resistencia a los antibióticos cada año. Más muertes que por cáncer o por el propio Sida.

P.- Según los datos de la propia ONU, la mayoría de la mortalidad se puede producir en Asia o en África, pero también afectará de manera grave tanto a europeos como a norteamericanos, es decir, a las sociedades más desarrolladas. ¿Cómo hemos llegado a este problema?

BGZ.- Descubrimos los antibióticos entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, gracias a Alexander Fleming. Y tras el descubrimiento de la penicilina vino una época dorada en el desarrollo de los antibióticos.

En los siguientes 30 años se descubrieron todas las familias de antibióticos que conocemos actualmente.

Con ello se ponía fin a un periodo negro, el pre antibióticos, y el mundo pensaba que estábamos certificando el final de las enfermedades infecciosas.

¡Optimistas!

Creíamos que se abría una nueva era en la que desaparecerían estas bacterias responsables de tanta mortalidad en el planeta. Y si no desaparecían, que por lo menos serían tratables.

Era un momento de euforia. Fue un momento genial. En los años 70 se empezaron a utilizar masivamente los antibióticos tanto en el ser humano como en los animales. Fue una revolución brutal.

De hecho, toda la medicina moderna está basada en el argumento de que los antibióticos funcionan. No hay que olvidar que en las cirugías de todas las especialidades médicas, en todas, hacen falta los antibióticos para evitar infecciones bacterianas.

P.-Entonces ¿a qué se debe este retroceso?

BGZ.- En las décadas de los 30, 40, 50, 60 y 70 los investigadores ‘crearon’ nuevas moléculas para frenar la actividad de las bacterias que derivaron, como decía, en el descubrimiento de todas las familias de antibióticos que actualmente conocemos.

Había un superávit de fármacos. Para cada infección bacteriana los prescriptores -médicos o veterinarios- tenían seis u ocho antibióticos para elegir. Y llegados a este punto, y pensando que se había alcanzado una solución definitiva, la industria se centró en el desarrollo y descubrimiento de otro tipo de moléculas para tratar otro tipo de enfermedades.

Moléculas que han sido muy necesarias para desarrollar terapias contra el cáncer, el Sida… Fue algo así como una redistribución de los recursos hacia otras áreas que en ese momento lo necesitaban más.

Pero… y siempre hay un pero en todas las historias, no contábamos con que las bacterias iban a evolucionar hacia nuevas formas. Es decir, que se iban a hacer más fuertes y a resistir a los antibióticos. Ser inmunes a ellos.

Y hoy, casi cien años después del descubrimiento de la penicilina, la situación se ha revertido: en la Naturaleza existe un alto nivel de resistencia bacteriana y muy pocos medicamentos nuevos.

P.- ¿Cómo se hacen resistentes las bacterias?

BGZ. Lo primero que coviene subrayar es que son las bacterias y las infecciones que provocan las que se combaten con antibióticos. No los virus.

Y lo segundo es que las bacterias y moléculas que las atacan -antibióticos- cohabitan de modo natural en todos los ecosistemas desde hace millones de años. No hay que olvidar que lo que descubre Fleming -la penicilina- es un hongo que produce de modo natural el antibiótico.

En la guerra que libran bacterias y antibióticos hay que entender que ambos luchan por colonizar un ecosistema. El más fuerte se queda con el territorio. Los antibióticos se desarrollan como un mecanismo de autodefensa y se pueden encontrar en un hongo, en el intestino de los mamuts -investigaciones realizadas así lo atestiguan- o en una charca aislada en un paraje concreto.

Del mismo modo, las bacterias colonizan un espacio y se van multiplicando -de ahí que se hable de zonas específicas como reservorios de bacterias-.

La clave en esta contienda -bastante desigual a favor de las bacterias- es que estos microorganismos tienen una gran capacidad de diseminación. Es una característica que no tienen otros organismos ‘superiores’: La Transferencia Genética Horizontal (TGH).

Cuando una bacteria se topa con un antibiótico, teóricamente muere. Pero como son increíblemente fértiles (algunas se reproducen cada hora) surgen mutaciones. Es decir, pequeños cambios en su ADN que las hacen resistentes a los efectos de los antibióticos.

Gracias a la TGH este gen eficiente, resistente, se traslada a las otras bacterias y se disemina muy rápidamente. Las bacterias se comunican entre sí y se intercambian los genes eficaces de manera lateral.

Esta trasferencia lateral -como también se la conoce- no precisa de la trasmisión de ADN de padres a hijos. De ahí que evolucionen tan rápidamente y sean capaces de degradar compuestos nuevos como los pesticidas, por ejemplo.

Así es como las bacterias están ganando la partida y se han vuelto resistentes.

P.-¿Son más rápidas que nuestro sistema inmunológico? ¿Puede competir nuestra generación de anticuerpos con la voracidad bacteriana?

BGZ. Sí que somos bastante más lentos. Y además nuestro sistema inmunológico no genera antibióticos. Así que difícilmente podremos crear, por nosotros mismos, anticuerpos para combatir a las bacterias. Y a veces, ni siquiera mantenemos las barreras.

Por ejemplo, en una cirugía practicamos un corte con el que se rompen un montón de barreras que permiten a las bacterias llegar al torrente sanguíneo. Y eso hace imprescindible usar antibióticos.

Además, y no es un tema menor, la globalización ha roto también barreras geográficas. Hoy comemos alimentos procedentes de cualquier parte del mundo, nos movemos de un sitio a otro, incluso traemos animales exóticos. El flujo de bacterias intercontinental se ha multiplicado hasta el infinito.

P.- Parece claro que las bacterias son interclasistas y pueden viajar en patera o en primera clase. Pero ha citado a los animales…

BGZ. Hay que diferenciar los animales de producción de alimentos y los animales de compañía.

Mi opinión personal es que en Europa los animales de producción tienen menos contacto directo con nosotros que en otros países como India o el sudeste asiático, donde las personas conviven con los pollos, los cerdos o las vacas.

Además, la sociedad Occidental se preocupa más de que estos animales de producción vivan en ‘mejores’ condiciones. En cambio, en los otros países es más probable que haya un elevado flujo de bacterias entre animales y hombres.

Pero a pesar de ese mayor control en el primer mundo, hay que recordar que se producen infecciones como la salmonelosis, que no es tan rara en Occidente y que procede de un animal.

P.- ¿Los animales de compañía son un problema?

BGZ. Este proceso se está estudiando ahora. Pero se han encontrado bacterias intrahospitalarias en perros en Madrid. Los perros de las ciudades pueden ser también un reservorio de bacterias de resistencia a los antibióticos. ¡Bacterias asentadas en hospitales de humanos que están colonizando perritos!

P.-Entonces, podríamos decir que cuando nosotros consideramos las enfermedades infecciosas como un asunto resuelto y dejamos de buscar nuevos antibióticos… ¿han aparecido unas súper bacterias con las que no podemos?

BGZ. Eso es. Nuestra esperanza de vida aumentó notablemente con los antibióticos y un trabajo sobresaliente en la higienización del agua. Antibióticos, vacunas y calidad del agua para consumo, son las tres cosas más importantes que han contribuido a la supervivencia de los seres humanos.

Pero los hemos ‘sobre utilizado’. Nos hemos confiado y hemos usado mal los antibióticos. Se prescribían para todo, sin orden, tanto en humanos como en animales. Y con eso hemos propiciado que las bacterias generen mayor nivel de resistencia.

Y hemos llegado a una situación tan grave que hoy en España mueren más personas por resistencia a los antibióticos que por accidentes de tráfico. Y desgraciadamente de eso no se habla casi en los medios de comunicación. Y se trata de personas afectadas por bacterias que ningún antibiótico de los que hay en el mercado puede curar.

«Este año ya matará en España a más de 26.000 personas, y si no tomamos medidas, pronto provocará más muertes que el cáncer»

P.- ¿Pero hay recursos públicos y privados para investigar?

BGZ.- En general hay poca investigación a pesar de la magnitud del problema… y bueno, en España ni te cuento. Aquí, en España, es heroico investigar. Tenemos muchísimas barreras, pero hacemos lo que podemos. Yo estudié veterinaria entre España y Alemania, hice un doctorado y luego estuve varios años en el Instituto Pasteur de París.

Regresé a España con un contrato Ramón y Cajal y formé un equipo de investigación: la Unidad de Resistencia a Antibióticos. En esta unidad intentamos comprender cuál es el flujo de bacterias y de genes de resistencia antibiótica entre el ser humano, los animales y el medio ambiente, utilizando genómica…

Saber cómo las bacterias pasan de unas a otras, cuál es el flujo de genes de bacterias y genes de resistencia antibiótica entre estos ecosistemas. Esta es la base de nuestro trabajo. A partir de ese punto hemos desarrollado varias líneas de investigación.

Tenemos líneas que trabajan con la transferencia horizontal de genes específicamente, es decir intentamos comprender cómo los genes pasan de unas bacterias a otras.
Hemos dado una nueva dimensión a la importancia de los fagos o la importancia de los plásmidos. Los plásmidos son moléculas de ADN que pasan de una bacteria a otra. Y tienen una función fundamental en la resistencia antibióticos.

También hemos avanzado en el descubrimiento de nuevos mecanismos de genes de resistencia a antibióticos. De hecho, el próximo antibiótico que va a salir al mercado en la Unión Europea se llama Plazomicina y nosotros hemos descubierto antes de su comercialización los mecanismos que confieren alto nivel de resistencia a este antibiótico. Es decir, que ya sabemos que no será eficaz ante determinado tipo de bacterias.

Hasta ahora se comercializaba un antibiótico y luego se descubrían las bacterias resistentes. Ahora, por lo menos, somos capaces de saber qué bacterias son altamente resistentes -y que se pueden diseminar- antes de que el producto salga a la venta. Este es el nivel de emergencia en el que estamos. Somos mundialmente los más conocidos, los primeros en constatar esto.

Nuestro grupo y el intercambio de conocimiento con otros existentes en Europa tiene como una de sus nuevas tareas enseñar a todos los prescriptores en Europa cuándo utilizar este nuevo antibiótico. Porque ahora ya podemos conocer si determinado paciente puede ser curado con éxito utilizando ese nuevo fármaco.

P.- Recursos escasos, soluciones a medio plazo y un problema muy grave a la vuelta de la esquina con una gran variedad de dificultades añadidas… un panorama desalentador ¿no?

BGZ.- A corto plazo está funcionado reducir las cantidades de antibióticos… si conseguimos reducir el uso de antibióticos a la mitad sería fantástico… es lo que a corto plazo más va a funcionar. Es importante educar a la población para que no tenga antibióticos en casa y los devuelva a los puntos SIGRE de las farmacias.

Hay que evitar que la población se automedique… También a corto plazo será importante aumentar los niveles de higiene y seguridad. El resto de las soluciones no llegarán tan rápido. Porque elaborar nuevas moléculas y antibióticos no es nada fácil. Y el fago o las terapias fágicas, que pueden parecer la solución a corto plazo más eficaz, no consiguen con facilidad que las autoridades reglamentarias les den luz verde.

Porque en definitiva un fago es un virus, y como tal es susceptible de modificarse, ya que está basado en ADN. Además, puede dejar de ser efectivo -no está comprobado lo contrario- y pueden trasmitir genes de una bacteria a otra y acabar trasmitiendo genes de resistencia a antibióticos… ¡Vamos! que hay que andar con pies de plomo para evitar que la solución se convierta en un nuevo problema.

«En la medicina española tenemos que hacer más cultivos para identificar la bacteria y recetar el mejor antibiótico posible»

P.- Parece claro que una de las soluciones pasa por limitar su uso. ¿Eso es extensible también a los animales?

BGZ.- Yo no hablaría de reducir, sino de administrar adecuadamente. No se trata de irnos a la otra dirección que marca el péndulo. Los antibióticos han revolucionado la medicina completamente. Antes de su descubrimiento, provocarse una herida con un simple pinchazo podía resultar muy peligroso. También nacer suponía una ‘actividad de riesgo’. La mortalidad infantil rondaba el 10%…

Sencillamente abrazamos la fe en los antibióticos con demasiado fervor y los hemos utilizado masivamente en humanos y animales. Por supuesto, estoy a favor de su uso tanto en humanos como en animales, que tienen derecho a ponerse enfermos de vez en cuando. Pero con racionalidad. Sólo cuando es necesario.

Nos cuesta aprender de nuestros errores, pero hay que hacerlo. Por ejemplo, ha existido una utilización de antibióticos como promotores de crecimiento durante mucho tiempo. Y esto no es racional.

En los años cincuenta se descubrió que dando una dosis de antibiótico pequeña -por debajo de su uso terapéutico- a los animales durante toda su vida aumentaba su peso en músculo entre un 30 y un 40%. ¡los engordaba! Se descubrió además que este efecto también se producía en niños, y se llegó incluso a pensar en utilizar este sistema para luchar contra el hambre en el mundo.

Una auténtica barbaridad. La idea de la administración de estas medidas subterapéuticas pronto se desechó en los seres humanos. Pero no ocurrió igual en lo referente a la producción animal. Conseguir un ganado con mayor masa muscular aumenta notablemente la productividad de las granjas… Pero al mismo tiempo favorece la aparición de resistencia de las bacterias a los antibióticos.

Pues hasta 2006, en Europa no se ha prohibido definitivamente el uso de antibióticos en dosis subterapéuticas como promotor del crecimiento. Y en los Estados Unidos se ha prohibido en 2017, casi 11 años después que en Europa. Y en otros lugares como China, India o algunos países africanos sigue siendo legal. Y si no se actúa globalmente se generarán nuevas bacterias resistentes.

P.- Volviendo al día a día, ¿cómo se yo si soy resistente a determinado tipo de antibióticos?

BGZ.- Esa expresión no es correcta. Tú no eres resistente a los antibióticos, lo son las bacterias. Pero sí es cierto que, en general, las personas que utilizan menos antibióticos son menos susceptibles a desarrollar bacterias resistentes ante una infección.

Lo que pasa es que también nos trasmitimos bacterias entre los seres humanos. Por ejemplo, cuando vas a un hospital las bacterias te colonizan. Y a la bacteria que te infecta, si es resistente a los antibióticos le da igual que hayas tomado mucho, poco o nada de antibiótico a lo largo de tu vida.

Es decir, la no utilización durante tu vida de antibióticos no quiere decir que las bacterias que en un momento tengas en tu organismo sean sensibles a los antibióticos y se puedan matar. Si te afecta una bacteria resistente no podrás acabar con ella.

P.- Entonces tomar o no tomar antibióticos es un falso debate…

BGZ.- Hay que tener mucha prudencia. No hay que generar un movimiento antiantibióticos. Estamos hablando de utilizarlos prudentemente. Los antibióticos son prescritos por los profesionales, y lo que hay que hacer es educar a los profesionales para que los prescriban solamente cuando sea necesario. Y nunca en infecciones víricas, por ejemplo, para las que existen otras terapias.

P.- ¿Hay alguna fórmula sencilla que ayude?

BGZ.- Pues sí. En general en el mundo y en particular en España hay que hacer más cultivos. Se hacen poco. ¿Qué es eso? ¿De qué se trata? Pues es tan sencillo como obtener una muestra que contenga la bacteria que infecta al individuo, identificarla en el laboratorio y hacer un cultivo para ver a qué antibióticos es sensible. Y luego, recetar el mejor antibiótico posible. Que no necesariamente tiene por qué ser el más moderno. Esto hay que hacerlo más.

P.- Será porque resulta más caro que recetar…

BGZ.- Claro, pero tampoco es culpa del prescriptor. Porque él también tiene 50 personas a las que atender y apenas puede dedicar dos minutos a cada una. En ese tiempo resulta difícil precisar a qué bacteria nos enfrentamos, con qué resistencias…

El sistema es complicado y no quiero cargar las tintas exclusivamente en el prescriptor, pero también hay que formar a los prescriptores. Y esto también forma parte del plan nacional que cada país desarrolla. El objetivo es que prescriban lo mejor posible.

Hay que tener en cuenta que los fármacos que se prescriben afectan a un individuo, pero el antibiótico no afecta solo al individuo, también afecta a congéneres que conviven con él, e incluso al ecosistema. Porque podemos eliminar este fármaco a través de las aguas residuales y llegar a una zona donde existan bacterias que desarrollen resistencia.

Los antibióticos son drogas ecológicas que afectan al ecosistema entero, son drogas poblacionales, pero las hemos utilizado como drogas individuales, sin medir los efectos sobre el resto de la población y los ecosistemas. Como ven, es un problema realmente complejo.

P.- En este sentido ¿qué grado de responsabilidad tenemos nosotros? ¿Afecta parar a mitad de un tratamiento prescrito?

BGZ.- Cada antibiótico y cada enfermedad tiene su protocolo. Hay antibióticos que se deben tomar ininterrumpidamente durante tres días, otros en cambio son siete… Y está demostrado que cuando modificamos el tratamiento, sobre todo si lo acortamos, sobreviven bacterias que todavía son resistentes a ese antibiótico.

«Todos podemos ser protagonistas en la lucha contra las infecciones»

P.- Es decir, que contribuimos a la aparición espontánea de súperbacterias…

BGZ.- Eso es. Totalmente. Tenga en cuenta que el tiempo de replicación de una Escherichia coli es de una hora, así que acortando las dosis puede aparecer esa resistencia y transmitírsela a las demás. Lo importante es tomar todas las dosis y el tiempo que te lo prescriben.

P.- ¿Y hay medidas concretas que se pueden tomar con facilidad y ser muy eficaces?

BGZ.-Por ejemplo, cuando se aumentan las medidas de bioseguridad en granjas se ha notado que se produce una menor utilización de antibióticos. Cambiarse de ropa para entrar en la granja con prendas estériles también produce mucha menos transmisión de bacterias.

Y con ello rompemos el círculo vicioso. A menor uso de antibióticos y a menor transmisión de bacterias, se reducen las posibilidades de que surjan bacterias resistentes a los antibióticos.
Son estrategias relativamente baratas y que se definen de manera meridiana cuando realizamos el Plan Nacional.

Eso sí, como todo lo que tiene que ver con la educación requiere de un esfuerzo extra, hay que concienciar a cada persona.

SE BUSCAN
Alternativas a
los antibióticos

P. – Y además de la prevención y de buscar antibióticos por el mundo…

BGZ.- Tenemos que seguir investigando en los fagos. Para que nos entienda la gente y por no hacerlo muy complicado, el fago es un tipo de virus que afecta solamente a las bacterias y que es capaz de matarlas.

Se han encontrado fagos en diferentes ambientes, tanto en el suelo como en el intestino de animales, aunque donde proliferan es en el agua de mar.
Ya ven que no todos los virus son malos.

Frente a los mortales que propagan el Sida o la gripe, están estos que afectan a las bacterias. Se multiplican en su interior hasta que acaban con ellas.

En los años 20 del pasado siglo, esta estrategia se antojaba muy prometedora para erradicar a las bacterias. Pero, luego llegaron los antibióticos y se abandonó está línea de investigación.
Entrábamos en la Edad de Oro de los antibióticos.

Pero no todos los países abandonaron sus líneas de investigación sobre los fagos. En algunos países del Este, como Georgia y, en general en toda la antigua URSS se siguió investigando sobre ellos.

De hecho, el mayor conocimiento de fagos está en los países del antiguo Telón de Acero. Y ante la existencia de bacterias resistentes se están probando tratamientos, de manera todavía ‘proximal’, con fagos.

No hace mucho, una niña infectada por una bacteria súper resistente en Londres ha conseguido superar la enfermedad gracias a una terapia fágica. La niña estaba desahuciada, no respondía a ningún tratamiento con los antibióticos actuales.

Los fagos se permiten y se utilizan en algunas superficies y en alimentación en EEUU como aditivo. También hay otras aproximaciones.

En nuestro grupo de investigación hemos desarrollado una molécula anticonjugación que inhibe el paso de ADN, que inhibe la transferencia horizontal de genes, y por lo tanto impide la diseminación de esos genes entre bacterias.

La hemos probado con éxito en ratones. Funciona.

Otra aproximación está basada en desarrollar estrategias CRISPR. Digamos que el CRISPR funciona a modo de unas tijeras moleculares que sirven para cortar ADN y pegarlo. Todo el desarrollo de la embriología molecular de la manipulación del ADN está basado en CRISPR.

Es el sistema de manipulación genética que más se usa en el mundo actualmente. Y Francis Mogica, el embriólogo español que lo descubrió, ha sido propuesto para el premio Nobel varias veces. Esto hay que saberlo.

Se trata de un sistema de manipulación genética que se podría utilizar para romper los genes de resistencia dentro de las bacterias, sin matar a la bacteria. Podría ser muy interesante.

Representa una línea de investigación prometedora en la que se está avanzando en estos momentos.

También existen otras líneas de investigación que están intentando desarrollar estrategias para estabilizar la macrobiota y conseguir de este modo que las bacterias resistentes a los antibióticos no se desarrollen.

P.- Estas líneas de investigación se traducirán en algún tipo de fármaco o terapia que llegue pronto a los mercados.

BGZ.- Bueno, a medias. Así como las estrategias CRISPR suenan un poco todavía a ciencia ficción, los fagos ya se están utilizando en EEUU y en seres humanos de modo experimental. Así que no está tan lejos.

Y aunque la terapia fágica experimentada en Londres con esa pequeña no está todavía aprobada para su utilización masiva en seres humanos, ya ha salvado una vida y hay que seguir haciendo pruebas hasta su uso de manera habitual. Hay que seguir trabajando…

‘ONE HEALTH’

Necesitamos una salud única para el mundo entero

La desigual lucha contra la resistencia a los Antibióticos obliga a un cambio de paradigma, a un cambio de estrategia. Los organismos internacionales, encabezados por la propia OMS, propugnan un cambio hacia lo que se denomina One Health, “Una Única Salud”.

Este cambio pasa por actuaciones coordinadas a nivel mundial en las áreas de salud humana, sanidad animal y medioambiente.

En toda Europa alrededor de 33.000 personas mueren cada año como consecuencia de las infecciones hospitalarias causadas por bacterias resistentes.

De acuerdo con los datos del Registro del Conjunto Mínimo Básico de Datos (CMBD), en el año 2016 murieron en España 2.956 personas como consecuencia de este tipo de infecciones.

Hay que considerar que el tratamiento de estas infecciones supone un coste añadido de 1.500 millones de euros anuales en la Unión Europea (UE), lo que extrapolado a cifras nacionales representa un coste de alrededor de 150 millones de euros anuales.

Si no se toman medidas de carácter urgente, se estima que en 35 años, para 2050, el número de muertes atribuibles a las infecciones multirresistentes alcanzará las 390.000 al año en toda Europa -unas 40.000 muertes anuales en España- y la morbilidad por bacterias resistentes a los antibióticos desbancará al cáncer como primera causa de muerte.

La OMS ha iniciado un plan nacional de lucha en todo los países del mundo

P.- La instantánea que Bruno González Zorn nos está dibujando en esta entrevista de más de una hora casi da miedo. Y llegados a este punto la pregunta es obligada: ¿La solución por dónde pasa?

BGZ.- En primer lugar la OMS han invitado a cada país a hacer un plan nacional de lucha contra la resistencia a los antibióticos. Y se está haciendo en el mundo entero.
Desde la OMS ayudamos a cada país a realizarlo. Por eso he estado tantas veces en la India, en China, en Latinoamérica o en África. Asesorando a diferentes países sobre cómo organizar su plan de lucha.

Aquí ya tenemos un plan europeo y hemos implantado en cada país de la UE un plan nacional coordinado.

P.- ¿En qué consiste el plan?

BGZ.- Básicamente consiste en monitorizar los antibióticos que se prescriben para tratar qué tipo de infecciones -de bacterias- y conocer quién los suministra.

Esta información resulta básica, porque no todos los países utilizan los mismos antibióticos, ni tampoco en las mismas proporciones. Y, sobre todo, porque aunque las bacterias se vayan multiplicando y diseminando por todo el planeta, digamos que existen algunas endémicas para determinadas zonas que raramente llegan a otras… de momento.

Y conociendo estos datos podremos lograr un uso de los antibióticos más racional. Sabiendo que eso reduce considerablemente las posibilidades de que las bacterias se hagan resistentes. Y hoy ya tenemos datos que confirman que vamos por la buena dirección.

Por ejemplo, se ha conseguido reducir en un 90% la colistina utilizada en animales, que es un antibiótico importante para la medicina humana.

P.- Pero por mucho plan que hagamos, habrá que dedicar dinero para investigar en busca de nuevos antibióticos que acaben con estas súperbacterias.

BGZ.- Ciertamente hay que abordar en paralelo nuevas estrategias. Y se trabaja en varias direcciones. También, lógicamente, en desarrollar nuevos antibióticos a partir de lo que nos ofrece la Naturaleza. De hecho, hay varias empresas que los están buscando en los sitios más recónditos. Desde el fondo del mar a pequeños ecosistemas en el Himalaya.

Pero no es el único camino posible.

Otro, más al alcance de nuestros grupos de investigación, pasa por desarrollar nuevas vacunas contra enfermedades bacterianas. Y esto es extensible tanto para las enfermedades humanas como para los animales.

Es una solución quizás más sencilla y a la vez radical. La mejor manera de que no haya resistencia es evitar que haya bacteria. En España, la mejor y más eficaz manera para erradicar la resistencia de una bacteria a los antibióticos ha sido la vacuna contra el Streptococo neumoniae, el famoso Prevenar.

En Medicina la prevención es la mejor terapia. Por eso las vacunas resultan determinantes.

Por ejemplo, conociendo que los hospitales representan un reservorio importante de bacterias, habría que implementar medidas de higiene tanto para profesionales como para pacientes y cuidadores.

Puede parecer mentira, pero una buena práctica de higiene de manos produce mucha menor transmisión de bacterias. Hay que mejorar el lavado de manos entre cada paciente.

Y esto es ampliable a todos los ámbitos.