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Salud

El sobrepeso de tu niño podría convertirlo en un enfermo el resto de su vida

11 noviembre, 2019

Jesús Argente Oliver
Catedrático de Pediatría. Director del Departamento de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid. Jefe del Servicio de Pediatría y Endocrinología del Hospital Infantil Universitario del Niño Jesús de Madrid.

Los avances médicos y la investigación en los últimos años han conseguido disminuir el porcentaje de morbi-mortalidad casi a la mitad tanto en el recién nacido como en el lactante, en el niño en edad preescolar, escolar y el adolescente.

Pero cada día siguen muriendo 7.000 niños en el mundo.

Y en las consultas de los países considerados desarrollados surge una nueva ‘amenaza’. Frente a una disminución de los casos de malnutrición aumentan alarmantemente los casos de obesidad infantil o se multiplican los diagnósticos por trastornos de la alimentación, tanto anorexia como bulimia.

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La obesidad y los problemas de sobrepeso afectan ya al 40% de la población infantil según los datos de la Organización Mundial de la Salud -en España a dos de cada diez menores-.

Lo peor es que esta patología perseguirá al enfermo durante el resto de su vida. Por ejemplo, y lo vemos día a día en las consultas, se asocia con la aparición de diabetes mellitus, problemas cardiovasculares, cáncer y problemas de autoestima, entre otras enfermedades.

A pesar de ello, podemos afirmar que el niño, hoy en día, no es más vulnerable que antes. Ha aumentado el conocimiento de las enfermedades y con ello el diagnóstico y el tratamiento. Ahora se atienden de una forma más adecuada.

La obesidad está asociada a enfermedades tanto en edad infantil como adulta

La obesidad y los problemas de sobrepeso surgen, básicamente, por mantener una dieta no equilibrada, por la falta de actividad física y por trastornos metabólicos debido a factores genéticos. Una de ellas o varias a la vez.

Y la obesidad está asociada al desarrollo de otras enfermedades, tanto en la edad infantil como en la adulta. Fundamentalmente diabetes y problemas cardiovasculares -hipertensión-.

Por eso es tan importante el tratamiento de la obesidad infantil. Y hay que abordarlo en tres fases:

  • Preventiva a nivel primario (educar al niño en edad preescolar en patrones saludables de alimentación y actividad física),
  • Secundario (cambios en estilos de vida en niños que ya presentan síntomas)
  • Una tercera fase abordando tratamientos médicos estrictos que suponen controles rigurosos de la alimentación, medicación y en ocasiones cirugía bariátrica -cada día menos agresivas gracias a las técnicas endoscópicas-.

Las dos primeras fases se englobarían en lo que podríamos denominar tratamientos no invasivos contra la obesidad. En la tercera, el mayor conocimiento de los genes que determinan la tendencia a la obesidad y las mutaciones que la ocasionan está permitiendo desarrollar ensayos clínicos donde estamos consiguiendo éxito.

Básicamente, actúan como inhibidores del apetito, aumentan el gasto energético corporal y cambian el metabolismo de absorción de macronutrientes.

Del mismo modo, la obesidad infantil puede ser la puerta de entrada para otro tipo de enfermedades que se pueden desarrollar a lo largo de la adolescencia, como la anorexia o la bulimia, y también otro tipo de trastornos psicológicos o emocionales como son los problemas de relación con los demás.

Aunque sin duda, la más significativa es la aparición de la diabetes. Cada año se diagnostican más de 1.000 casos de diabetes infantil en España. Es la tercera enfermedad más prevalente entre los niños.

Lo primero hay que dejar claro, por si alguien no lo sabe, es que se trata de una enfermedad que no tiene cura. Tiene tratamiento, pero de momento no solución. Y tiene efectos secundarios muy peligrosos, como causar problemas en la vista o circulatorios.

Hoy por hoy podemos tratar a un niño diabético, diabético tipo 1, dependiente de insulina. Procuramos que no vea mermada su calidad de vida, que en el futuro pueda tener una familia, pero el enfermo se convierte en una persona dependiente.

Someterse a continuos -varias veces al día- controles de los niveles de glucosa en sangre antes de cada ingesta -un pinchazo-, administrar en función de los resultados determinada cantidad de insulina -inyectada- y asegurarse de que tras ellos el niño coma determinado tipo de alimentos, representa una dificultad añadida para los tutores de ese menor.

Las bombas de insulina representan quizás el mayor avance logrado en este campo en los últimos años. Un dispositivo del tamaño de un teléfono móvil, conectado con un catéter que contiene un depósito con insulina y un pequeño ordenador que controla los niveles de glucemia y administra la hormona previamente programada a lo largo de un periodo de 24 horas.

Y aunque en principio están recomendada para todas las edades, su administración requiere, además de la programación, un cuidado exhaustivo del catéter -se cambia cada dos o tres días- y que el usuario, además de conocer el funcionamiento de la máquina posea unas habilidades en contar los hidratos de carbono, ya que existe una relación directa entre la ingesta y la insulina requerida. Eso, y mantener la ‘máquina’ en perfecto estado.

Es decir, que en la práctica no es apta para todos. En la actualidad, en España se comercializan tres tipos diferentes de bombas. En cuanto a la hipertensión arterial infantil, que suele tratarse de una enfermedad derivada de otra patología, fundamentalmente de la obesidad, puede derivar además en problemas coronarios, renales, de visión e incluso en accidentes cerebrales.

El cáncer más común en niños es un tipo de leucemia… y hoy tiene una supervivencia a cinco años del 95%

Resulta complejo establecer un ránking de los problemas más relevantes en Pediatría para orientar de manera adecuada las líneas de investigación en nuevas terapias y tratamientos.

Si atendemos a las causas de mortalidad, el cáncer ocuparía el primer lugar. Y hay que tener en cuenta que no se desarrolla del mismo modo que en los adultos y que los menores presentan una respuesta diferente a los tratamientos.

En la mayoría de los casos su aparición obedece a problemas genéticos, mutaciones de padres a hijos, o trastornos surgidos durante el desarrollo en el útero. El cáncer más común afecta a las células sanguíneas.

Y aunque los resultados no sean los ideales, los hay y son importantes. Por ejemplo, en los casos de leucemia linfoblástica aguda, que es la leucemia más frecuente, con las terapias actuales obtenemos unas tasas de supervivencia a cinco años del 95%, cosa que hace 20 años era impensable.

Pero existen otros procesos oncológicos donde el grado de supervivencia es mucho menor. Por eso los ensayos clínicos cobran una especial importancia en este campo.

Sobre todo los nuevos tipos de tratamientos con terapias moleculares (nuevos fármacos) o inmunoterapias. La investigación en células madre para su desarrollo está resultando imprescindible.

En el Hospital Infantil del Niño Jesús prácticamente hay ensayos clínicos para todo tipo de cánceres y tumores pediátricos. Aunque desgraciadamente, no para todos los pacientes.

Pero si curar un proceso cancerígeno es importante, no resulta un asunto menor combatir los efectos secundarios que se pueden producir, como retrasar el crecimiento en los niños.

Las terapias al uso son terapias de sustitución. Es decir, administrar esta hormona que no solo condiciona la estatura sino otros aspectos como la madurez sexual, por ejemplo. Pero hay que mejorarlos.

De hecho, los ensayos clínicos se centran en emplear factores de crecimiento de acción prolongada. Es decir, tratamientos ‘menos molestos’ para el paciente. Por ejemplo, conseguir que en lugar de tener que inyectarse diariamente la hormona pueda hacerlo cada quince o treinta días. Aumentar, en definitiva, su calidad de vida.

En Gastroenterología tratamos enfermedades tan graves como la enfermedad inflamatoria intestinal: la enfermedad de Crhom.

Para ella, en el momento actual existen toda una serie de drogas, de medicinas que están en fase de ensayo clínico y que tienen una acción sobre todo inmunológica con las cuales se están obteniendo unos resultados bastante favorables que resultan muy esperanzadores.

Si hablamos de enfermedades respiratorias, la fibrosis quística es la enfermedad caucásica más prevalente. Actualmente se está investigando en ella, en una terapia mediante vectores en las que podamos cambiar la mutación genética que se produce y consigamos curarla.

Ejercicio y vida social mejorarán el desarrollo mental del niño

La OMS ha establecido los criterios de salud que necesitan nuestros niños y les dedica el capítulo 3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2020.

Teniendo en cuenta que se trata de derechos y que los adultos estamos obligados a velar por su cumplimiento, la vida saludable de un menor pasa por:

Cumplir los calendarios de vacunación establecidos por las Autoridades Sanitarias. Fundamental para evitar el contagio de enfermedades infecto-contagiosas.

Muchas de estas enfermedades parasitarias se propagan a través del agua. Por eso hay que procurar que el agua que beban esté en condiciones de potabilización óptimas.

Del mismo modo, hay que extremar la profilaxis en el hogar, ya que también pueden ser el caldo de cultivo ideal para la proliferación de gérmenes nocivos.

La alimentación es el segundo gran soporte que garantiza un desarrollo adecuado del menor. En este sentido una alimentación adecuada debe de evitar:

  • Ingesta abusiva de grasas. Eliminación de la dieta de los alimentos grasos polisaturados
  • Abuso de las bebidas carbohidratadas, dulces y alimentos procesados -bollería industrial o la denominada comida basura-

El tercer gran pilar es combatir el sedentarismo. Los niños necesitan realizar actividad física y fomentar las relaciones sociales del menor, sobre todo durante la fase de la pubertad, que redundará en un mejor desarrollo mental.

El desarrollo de la sociedad está provocando claramente un cambio en los hábitos de nuestros niños y adolescentes. Invierten muchísimo tiempo en los elementos tecnológicos con los que convivimos, del teléfono móvil al ordenador o cualquier otro procedimiento que podamos imaginar.

Esto provoca que desarrollen una menor actividad física y practiquen un tipo de vida más personalizada y menos social. Y eso se traduce en una menor relación con otros niños, menor práctica de deporte o actividades al aire libre.

¿A dónde nos va a llevar esto? ¿Van a desarrollar otro tipo de enfermedades? No es descartable. En este momento no tenemos una respuesta concreta, pero al menos sí conocemos que este tipo de hábitos son nocivos y, por lo tanto, debemos hacer todo lo posible para modificarlos.

Desde la Medicina como desde las diferentes asociaciones científicas que los estudian, están planteando la necesidad de limitar a los niños el tiempo dedicado a estas nuevas tecnologías y que aumenten el tiempo a convivir con la familia, los amigos. En definitiva, a desarrollar una vida social más activa.

Por otra parte, es fundamental facilitar que el niño pueda participar en cuantos ensayos clínicos sean necesarios para tratar de mejorar los tratamientos de las enfermedades para los que hoy no disponemos de una terapia eficaz.

Hospitales infantiles, incluso con mascotas

Los profesionales de la Pediatría también debemos facilitar a los niños en nuestros centros de trabajo -hospitales- entornos agradables, no agresivos, que faciliten su tratamiento. Por ello estamos cambiando la fisonomía de los hospitales y consultas.

Es importante ofrecer a los más pequeños elementos que les provoquen alegría cuando van al hospital.

Por ejemplo, a los niños les gustan las mascotas. ¿Y si autorizamos la presencia de animales en los hospitales? Ya se ha probado con éxito en el Hospital San Juan de Dios en Barcelona. A los críos les gusta mucho que los perros paseen por el hospital y disfrutar de ellos les da calma.

Pero debemos probar más actividades. En el Niño Jesús vamos a realizar actividades de musicoterapia, también en las UCI. Todo lo que les pueda hacer la vida más feliz tenemos obligación de hacérselo llegar.

Cuando se convive en comunidad las vacunas deben ser obligatorias y el calendario universal,
¡y en nuestro país es autonómico!

La globalización y las corrientes migratorias, por otra parte, hacen que atendamos en España a niños con enfermedades que hacía tiempo que no veíamos en nuestro medio, como el raquitismo, una enfermedad erradicada en nuestro país en la década de los 70.

Esta carencia de vitamina D en el organismo puede provocar también problemas de osteoporosis y trastornos tumorales en las células. Pero la administración de vitamina D-3 a partir del primer mes de vida y durante un año, consiguió su erradicación. Del mismo modo, y ligado a la población migrante, es más que previsible que nos tengamos que preparar para abordar casos de patologías infecciosas que ahora no tratamos.

Por ello resulta muy importante poner el foco en las vacunas y en los calendarios de vacunación obligatoria y recomendada que hay que adoptar. Hay que zanjar el debate sobre las vacunas.

Cuando se convive en comunidad las vacunas deben de ser obligatorias porque previenen que nuestros pequeños puedan contraer una determinada infección. Cualquier procedimiento médico profiláctico o terapéutico evoluciona y eso hace necesario que tras discusiones internacionales se determine si se debe introducir la obligatoriedad de determinada vacuna.

Y una vez tomada esa decisión hay que homogeneizar el cuadro de vacunación. Que debe ser universal. Justo lo contrario a lo que ocurre en España, donde cada Comunidad Autónoma establece su propio calendario vacunal.

Afortunadamente, la Asociación Española de Pediatría ha homogenizado un calendario vacunal, que es el que tratamos todos de seguir en el momento actual.

Del mismo modo hay que seguir investigando para conseguir el desarrollo de nuevas vacunas para prevenir enfermedades conocidas y los nuevos procesos infecciosos que vamos conociendo, como el VIH o el Ébola, por ejemplo.

En los últimos cinco años están en desarrollo más de 130 nuevas vacunas frente a enfermedades infecciosas (malaria o estafilococos), enfermedades emergentes (dengue), parasitarias (Chagas o leishmaniasis), o emergentes infecciones bacterianas nosocomiales.

El especialista
Jesús Argente Oliver

Catedrático de Pediatría, director del Departamento de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid y jefe del Servicio de Pediatría y Endocrinología del Hospital Infantil Universitario del Niño Jesús de Madrid.

El Departamento que dirige en el hospital realiza, además de la asistencial, una labor investigadora desde su propio laboratorio y está implicado en el desarrollo de ensayos clínicos dirigidos al estudio y puesta en marcha de nuevos recursos terapéuticos para diferentes patologías.

Su Servicio es el único en España acreditado por la Sociedad Europea de Endocrinología Pediátrica (ESPE).

La especialidad pediátrica en España nació en 1887 con la construcción del Hospital Infantil del Niño Jesús, que desde entonces se ha convertido en un centro de referencia nacional en Pediatría.

Desde sus inicios, el centro ha compatibilizado asistencia e investigación, actividad que se ha implementado desde 2017 con la puesta en marcha de la Fundación para la Investigación Biomédica.

Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos en el campo de la Pediatría a nivel nacional.